Relajación infantil

Vivimos en una sociedad que nos obliga a ir a un ritmo elevado generándonos estrés y muchas tensiones. A pesar de lo que muchos creen, los niños también sufren ese estrés, se enfadan, se frustran y sienten tensión acumulada. A diferencia de los adultos, ellos no tienen herramientas para identificarlo como tal, haciendo que se muestran irritables, molestos o inquietos.

De este modo, la psicologia infantil hace uso de ñas técnicas de relajación infantil, las cuales  son la fusión de  las técnicas de autocontrol y de respiración con el objetivo final de enseñar a la persona a controlar su nivel de activación, permitiendo desarrollar recursos de afrontamiento y tener una mayor seguridad en sí mismos.

El origen de estas técnicas viene de Oriente Medio siendo los antecedentes más claros la hipnosis, el yoga y la meditación. Actualmente las técnicas más utilizadas son la Relajarelajación_infantilción muscular progresiva (RMP) de Jacobson (1929), el Entrenamiento autógeno de Schultz (1932) y abreviaciones de ambas.

Estas técnicas de autocontrol alternan la tensión y distensión de grupos musculares para provocar estados de relajación, así como el uso de técnicas para aumentar la conciencia y el control de la propia frecuencia respiratoria. Además, se basan en respuestas incompatibles y antagónicas con los efectos fisiológicos que producen la ansiedad y la activación mantenida. Se consideran un instrumento preventivo, además de clínico; y aumentan la calidad de vida.

Antes de iniciar el entrenamiento en las técnicas de relajación infantil con el niño es conveniente introducir ciertas nociones básicas (Orjales, 2002):

1. Aprender a discriminar entre músculos en tensión y músculos relajados. Se le puede enseñar al niño a contraer el puño hasta que vea que el tono de los dedos es blanquecino. A continuación se le puede decir: “Ahora todos los músculos de la mano están tensos, trabajando mucho para poder hacer fuerza, y gastando energía. El color blanco de los dedos es causado porque, como estás apretando fuerte, la sangre no circula bien por ellos”. Luego se le pide que afloje la mano, lentamente, y poco a poco vaya separando los dedos y notando la resistencia residual de los músculos. Se le puede decir: “¿Ves? Ahora tu mano está muy relajada, suelta, como si estuviera dormida. ¿Ves la diferencia?”.

2. Contraer distintos músculos, pero de manera independiente, sin involucrar otros grupos musculares: Un componente de la falta de control del niño hiperactivo es también la ausencia de discriminación muscular. Por ejemplo, al pedirle que contraiga la mano, es típico que contraiga también diversos músculos faciales. Se puede trabajar en frente de un espejo para que el niño tome consciencia de ello y pueda controlarlo.

3. Conciencia y control de la función respiratoria: Es importante explicar al niño que respirar es lo primero que hay que aprender a hacer correctamente para relajarse; podemos quitarnos tensión y nerviosismo simplemente respirando más pausada y tranquilamente.

Pueden realizarse prácticas de respiración haciendo primero que el niño se active o agite (correr, saltar, dependiendo de la capacidad de cada niño para luego poder interrumpir el comportamiento) y después que se detenga, se tumbe y sea consciente de su frecuencia cardiaca y respiratoria. Se le explica que respira más de prisa porque, al estar en movimiento, los músculos necesitan más aire para poder funcionar.  A continuación, debe inspirar, retener el aire unos momentos y expulsar el aire suavemente. A medida que la respiración se va tranquilizando, se la puede dominar en mayor grado y el niño es capaz de retener el aire más tiempo, hasta obtener una frecuencia respiratoria calmada, propia de un estado de relajación.

Una vez somos capaces de controlar lo mencionado hasta ahora, ya estamos preparados para iniciar un sesión de relajación. Aunque el objetivo final sea llegar a tensar y a relajar una secuencia de grupos musculares compleja, en las primeras sesiones no es necesario realizar la secuencia completa. Debe hacerse de forma gradual, ya que los niños tienen mayores dificultades para mantenerse quietos y concentrados. Es por eso que debemos estar atentos y terminar la sesión antes de que se produzca agobio o fatiga en el niño; e ir aumentando sesión a sesión tanto el tiempo de relajación como los músculos que se trabajan, hasta llegar a completar la secuencia.

 

Pasos para la relajación progresiva (Orjales, 2002)

  • Estás sentado cómodamente, con los ojos cerrados, y sintiéndote tranquilo.
  • Voy a darte algunas instrucciones, y es importante que las sigas, concentrándote en las sensaciones de tu cuerpo.
  • En primer lugar, vamos a realizar tres respiraciones profundas. Inspiramos y metemos bastante aire en los pulmones, lo retenemos un momento y lo expulsamos lentamente. Cuando cuente hasta tres, uno, dos, tres…. Una vez más, uno, dos, tres….
  • Aprieta el puño derecho, haciendo fuerza, y nota la tensión en la mano y en el antebrazo. Aguanta un poco más (se puede contar hasta cinco), y relájate. Nota la diferencia, ahora tienes la mano y el antebrazo sueltos, relajados, como dormidos. Una vez más…
  • Lo mismo, con el puño izquierdo.
  • Dobla el brazo derecho, como cuando haces músculo, y haz fuerza (tensar los bíceps). Aguanta, y ahora relájate. Nota la diferencia…. Una vez más…
  • Con el brazo izquierdo.
  • Haremos dos respiraciones profundas. Una, dos, tres… Una vez más…
  • Ahora, arruga la frente todo lo que puedas. Haz fuerza, aguanta, relájate… Una vez más…
  • Cierra los ojos y aprieta los párpados con fuerza. Aguanta… relájate… nota la diferencia… una vez más.
  • Aprieta los labios con fuerza, nota cómo se tensa también la barbilla. Aguanta, y relájate… una vez más.
  • Coloca la cabeza hacia atrás y haz fuerza. Siente cómo se tensa todo el cuello. Aguanta, y relájate… una vez más.
  • Haremos dos respiraciones profundas. Una, dos, tres… una vez más…
  • Ahora tensaremos el estómago, como cuando hacemos abdominales. Siente la tensión, y ahora relájate… Nota la diferencia, ahora tienes el tronco suelto y relajado. Una vez más…
  • Tensa los glúteos, haciendo presión sobre la silla, y relájate. Una vez más…
  • Estira la pierna derecha, y con la punta del pie intenta tocar la rodilla. Siente cómo hace fuerza toda la pierna. Aguanta un poco, y relájate… Nota cómo está de relajada ahora la pierna, como si estuviera dormida. Una vez más…
  • Con la pierna izquierda.
  • Terminaremos haciendo tres respiraciones profundas. Una, dos, tres… Ahora que las hemos hecho, quiero que lentamente abras los ojos, y notes cómo estás de tranquilo y relajado, completamente calmado y a gusto.

Es importante tener en cuenta que los periodos de relajación deben ser ligeramente más largos que los de tensión.

¿Cómo generalizar el aprendizaje de la relajación?

No podemos olvidar que el objetivo del entrenamiento en la relajación infantil es que el niño pueda realizarlo en diferentes situaciones sin necesidad de ayuda externa, por lo que debemos trabajar la generalización. Consiste en practicarla inicialmente en espacios donde el niño se siente seguro y poco a poco mediante la imaginacón ir a situaciones dramatizadas o contextos extremos en los que se deberá poner en práctica lo aprendido e ir ganando la sensación de control.

 

Dependiendo de la edad es aconsejable realizar la relajación a través de cuentos, pictogramas o pautas distintas.  En los próximos artículos que colguemos en el blog de Centre Giner propondremos adaptaciones para cada una de las franjas de edad.

 

 

 

 

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