La dislexia es uno de los trastornos del aprendizaje más comunes y puede conllevar unas dificultades muy importantes en el desarrollo de la escolaridad de los niños y los adolescentes. Conviene tener en cuenta que, en términos generales, no se acostumbra a diagnosticar la dislexia antes de los 8 años, coincidiendo con la edad en la que se considera que el proceso de aprendizaje de la lectura y la escritura se da por ” concluido “, pasando a ser una herramienta de aprendizaje en vez de un aprendizaje en sí, a pesar de tanto la lectura como la escritura seguirán progresando con los años.

La dislexia consiste en una dificultad específica y muy acusada para conseguir una lectura fluida y funcional, es decir, con un buen ritmo lector y una buena comprensión, sin que haya ningún motivo sensorial o intelectual de carácter relevante que justifique estas carencias. A menudo en la dislexia también se puede ver afectada la escritura, sobre todo en la parte ortográfica y habitualmente en la calidad de la grafía y la velocidad en las tareas de escritura. Lógicamente, ambos procesos resultan claves para el logro de los aprendizajes escolares y de un buen rendimiento académico.

Dentro de la dislexia encontramos diferentes alteraciones del aprendizaje escritor, que se pueden dar de forma conjunta a las dificultades en el proceso lector o bien de forma aislada, entre estas destacamos:

Disortografía: dificultad específica y muy acusada para fijar y emplear de forma adecuada la normativa ortográfica en las tareas de escritura.

Disgrafía: problemas importantes a la hora de escribir de forma manuscrita con una letra inteligible para el lector.

La dislexia no guarda ninguna relación directa con la inteligencia, las personas disléxicas no son ni más ni menos inteligentes que el resto de la población, pero mantienen la misma variabilidad que el resto, es decir, encontramos personas con dislexia muy inteligentes, medias y con carencias. Sin embargo, muchas veces el alumno disléxico puede llegar a pensar que es menos inteligente que el resto de sus compañeros, ya que muestra muchas dificultades en aprendizajes básicos, lo que altera su rendimiento académico, por lo tanto es clave trabajar la autoimagen y autoestima para que la dislexia no repercuta en su autopercepción.

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  • Olalla Aranda

    Neuropsicóloga especializada en el tratamiento de la dislexia.

Como trabajamos la dislexia?

La dislexia, pese a ser una dificultad persistente en la mayoría de personas diagnosticadas con este trastorno de aprendizaje, es plenamente susceptible a mejora, sobre todo contra antes se empieza a trabajar de forma adecuada, a pesar de siempre hay un margen de mejoría. A menudo es importante empezar este trabajo incluso antes de los 8 años si existe la sospecha, aunque no haya sido diagnosticada todavía.

El tratamiento no consiste en leer más, pues los niños y adolescentes disléxicos están continuamente expuestos a la lectura pero de forma espontánea no mejoran. El tratamiento variará en función de cada caso pero los procesos básicos a trabajar en la mayoría de ellos serán:

– La conciencia fonológica

– La velocidad de procesamiento

– La orientación espacial

– Estrategias de compensación de las dificultades lectoras o escritores.

En el tratamiento también se trabaja la lectura y la escritura en sí, pero es clave estimular los procesos cognitivos básicos alterados para conseguir una mejora real de la dislexia.

Otro herramienta que utilizamos en el tratamiento de la dislexia es el método Glifing, una metodología innovadora, basada en la investigación y en las nuevas tecnologías que permite mejora la velocidad y la fluidez en los procesos de decodificación lectora.

 

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